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Todo comenzó con un encuentro en el supermercado: hoy este anciano señor y la niña son los mejores amigos

Por Patricia Zorzenon
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Los niños saben siempre cómo sorprendernos y a veces, salen verdaderas y grandes perlas de sabiduría de sus bocas. Tara Wood es una madre de 40 años, ama de casa y escritora. Ella y su marido, Garrett, son padres de siete bellísimos niños. Recientemente Tara ha publicado una anécdota sobre una de sus hijas, Norah. La pequeña se estaba preparando para festejar su cuarto cumpleaños cuando, antes del gran día, le ha contado a la madre su debilidad por las personas ancianas.

"Apenas la había ido a buscar a la escuela materna cuando me ha dicho que había una persona anciana que atravezaba el estacionamiento muy lentamente," ha recordado Tara, el día antes del cumpleaños de la hija.

La niña continuaba a explicar a la mamá que tenía una debilidad por las personas ancianas: "Adoro las personas ancianas porque caminan lentamente como yo y tienen la piel suave como yo. No tienen muchos años de vida por delante, entonces quiero darles todo mi amor antes que se vayan". Tara no tenía idea de cuan seriamente la hija había dicho aquellas palabras, pero igualmente quedó muy consternada.

En el día del cumpleaños de la hija, Tara ha llevado a Norah al supermercado para comprar alguna torta y una vez que llegó a la panadería, sucedió un evento un tanto particular. Sin que la madre se de cuenta, Norah se dirigió a un señor anciano que se encontraba en la fila justo al lado suyo y con todo el entusiasmo que solo una niña de 4 años puede demostrar, le ha gritado: "¡Hola viejo! ¿Sabes que hoy es mi cumpleaños?"

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La madre, profundamente avergonzada, no hace ni siquiera en tiempo a regañar a la hija por haberle dicho "viejo" a un señor efectivamente muy anciano y de aspecto un poco arisco. El hombre no mostró alguna perturbación por aquellas palabras, es más, su aspecto se ablandó inmediatamente y comenzó a hablar con Norah: "¡Hola señorita! ¿Y cuantos años cumple?" Charlaron algunos minutos, luego el señor la saludó deseándole un buen cumpleaños.

En el supermercado, en algún sector más adelante, Tara y Norah se reencontraron nuevamente con el anciano señor y la madre le dice si gentilmente su hija podía hacerse una foto con él. "Disculpe señor, esta es mi hija Norah, quisiera hacerse una foto con usted por su cumpleaños". La expresión del hombre pasó rápidamente de confundido a feliz: "¿una foto? ¿conmigo?" pregunta incrédulo. "Si, ¡por mi cumpleaños!" responde rápidamente Norah. Y así hicieron la foto.

El hombre dice de llamarse Dan y parece que él y Norah se conocieron de toda una vida. "Estaban bloqueando el paso y a otras personas en el supermercado, pero no les importaba. Estaba sucediendo algo muy especial y lo sentian. Norah y el señor Dan no se daban cuenta que estaban hablando como si fueran viejos amigos", ha recordado Tara. Los dos han agradecido al señor Dan, que las ha saludado con lágrimas en los ojos: "Este ha sido el mejor día que yo haya tenido desde hace mucho tiempo. Me ha hecho muy feliz hoy, señorita Norah". Se abrazaron de nuevo y se fueron cada uno por su lado. Norah lo miró hasta que lo perdió de vista.

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Norah había quedado muy triste después del encuentro, así es que la mamá penso de publicar la historia en su página de Facebook, con la esperanza de volver a encontrar al señor Dan. Aquella misma noche, la mujer recibe un mensaje del hombre anciano donde decía que su mujer María había muerto en marzo y él estaba muy solo desde cuando se había ido. Además, quería hacerle saber que la hija lo había conmovido y que probablemente no lo habría jamás olvidado. Tara le pide el número de teléfono y un par de días después lo llamo.

Muy pronto Tara y Norah fueron a hacerle una visita al señor Dan que, con gran emoción, se había preparado para aquel encuentro. "Le hemos hecho visita en su casa muy acogedora y ordenada. Nos ha mostrado todos los recuerdos de su mujer. Se había cortado los cabellos, se había afeitado y lucía pantalones y zapatos elegantes. Parecía diez años más joven. Había puesto hojas de papel y colores sobre una mesa para cuando Norah llegara. Hemos transcurrido asi tres horas con él aquel día. Ha sido muy paciente y gentil y hablaba continuamente con mi hija".

Norah pregunta por el señor Dan cada día y lo cuida preguntándole si se siente solo, si tiene frío o si le duelen los huesos. Quiere que esté bien y se preocupa. Incluso el señor Dan piensa siempre en Norah y admite que aquel encuentro le ha cambiado la vida: "Después de la última visita, nos dice que desde cuando su mujer murió no había dormido ni siquiera una noche hasta cuando no encontró a mi hija", ha recordado Tara - "Nora me ha sanado", me dijo. Me ha dejado sin palabras y con lágrimas en los ojos".

Ahora Dan ha entrado a ser parte de la familia de Tara y Norah, que le hacen visitas cada semana, incluso solo para un abrazo rápido y para llevarle un sandwich. Pasarán el día de Acción de Gracias juntos, como una verdadera familia.

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