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"¡No llego a fin de mes!": madre de 4 hijos lanza un apelo desesperado y recibe muchísimas donaciones

24 Julio 2021 • Por Patricia Zorzenon
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Ayudar al prójimo es una elección digna que todos debemos tomar en consideración. Un simple gesto, que para nosotros puede parecer minúsculo, para algún otro puede ser inmenso, puede significar algo extremadamente más grande. Uniendo muchos pequeños gestos podemos crear uno más grande, que puede cambiar (y a veces también salvar) la vida de las personas a la cual está destinado. Cuando más personas se unen para hacer el bien pueden ocurrir cosas maravillosas. A veces damos por hecho cuanto la unión es importante para ayudar a alguien en dificultad, sobre todo cuando se trata de personas que se encuentran en condiciones menos acomodadas que las nuestras. Basta un poco más de consideración frente al prójimo para comenzar a cumplir un pequeño paso hacia la realización de un mundo humanamente mejor.


Una hermosa historia de unión y de humanidad es la de Adriana Alves, una mujer de Cajazeiras, un lugar situado en el Estado de Paraiba, en Brasil. Al día de hoy gran parte de la población brasilera está obligada a afrontar un dura realidad. Hay familias como la de Adriana que casi no logran mantenerse para sobrevivir.

Adriana es una madre de cuatro hijos pequeños, pero solo tres de ellos viven junto a ella (el cuarto hijo vive con la abuela), el más pequeño tiene 5 meses mientras el más grande tiene 9 años. Su marido recoge materiales reciclables. La familia de Adriana está obligada a vivir en una choza en la cual no hay ni siquiera muebles. Es una habitación infectada de ratas y durmen sobre colchones apoyados sobre el piso, esto tendría como consecuencia un enorme riesgo de contraer enfermedades infecciosas.

La única fuente de ingreso percibida llega a solo 250 reales brasileros, que fueron donados por la Bolsa de Familia, un programa de ayuda financiero destinado a las familias pobres de Brasil. En consecuencia, incluso solo poner un plato de comida caliente en la mesa para alimentar a los hijos se vuelve difícil. Todo lo que Adriana y su marido podían ofrecerles era arroz en blanco y medio paquete de couscous.

Para comprender mejor las condiciones en las que vivía la familia de Adriana es el hecho que, para saciar su sed, no tenian a disposición ni siquiera agua limpia. Todos los miembros de la familia estaban obligados a beber el agua de la canilla, motivo por el cual uno de los niños fue internado en el hospital. Viviendo en esas condiciones, para Adriana también el solo pensar de poder garantizar un futuro con fundamentos sólidos a sus hijos representaba una utopía.

Las boletas continuaban llegando y visto que la entrada era tan baja, la familia no podía hacer otra cosa que dejar acumularlas. Era necesario poder conservar aquel poco dinero percibido para comprar comida. Llegados a este punto, la situación comenzaba a ser siempre más insostenible. Tomando conciencia de las condiciones de su familia (y probablemente también asustada por el futuro de sus hijos), Adriana, con la esperanza de poder entrar en el corazón de las personas, decide hacer un apelo para pedir ayuda.

El mensaje desesperdo de Adriana es transmitido en el programa Olho Vivo del portale Diário do Sertão. Miles de personas vieron a la mujer en lágrimas, con su hijo más pequeño en brazos, mientras pedía ayuda, asustada que sus hijos pudieran morir de hambre. Fueron transmitidas las imágenes de su casa y los espectadores tomaron conciencia de las condiciones donde la familia de Adriana, víctima de la pobreza, era obligada a vivir. Afortunadamente, el gesto de Adriana dió sus frutos: su historia tiene un fuertísimo impacto y golpeó a muchísimas personas provenientes también de otros países, que se movilizaron inmediatamente para mejorar su vida y la de su familia, para hacerla lo más digna posible.

 

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Después de su primera aparición, la historia de Adriana es transmitida una segunda vez. Su rostro abandonó la tristeza y se mostró feliz y sonriente, agradecida a todas las personas que, con extrema empatía y generosidad, había contribuído a mejorar su estilo de vida. Además de mucha comida, Adriana y su famlia pueden finalmente disfrutar camas nuevas sobre las cuales dormir y descansar, hornallas para poder cocinar, garrafas, un armario y también una heladera para mantener la comida fresca.

Leyendo entre líneas esta historia conmovedora podemos tomar un potentísimo mensaje, para nada descontado, que es el de hacer el bien. Con la historia de Adriana hemos aprendido cuanto la vida de alguien puede de verdad ser cambiada gracias a la humanidad, uno de los valores más nobles que un ser viviente pueda tener alguna vez.

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