En la vida no hay necesidad de muchos amigos: bastan pocos pero buenos

por Patricia Zorzenon

25 Febrero 2020

En la vida no hay necesidad de muchos amigos: bastan pocos pero buenos
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Para muchos rodearse de muchísimas personas con las cuales compartir experiencias día tras día es una cosa fundamental. Tanto que se vuelve a menudo vital, al punto que, si no se es parte de un numeroso grupo, no se siente nunca completamente feliz.

Seguramente, muchos de nosotros se encontrarán en esta descripción pensando sobre todo en los años de juventud. En la escuela, sin embargo, divisiones, exclusiones y dinámicas de grupo pueden ser de verdad traumáticas y dejar una marca en términos de insatisfacción, también a distancia de tiempo. Pero creciendo, la vida se mira con ojos diferentes y nos damos cuenta que la mayor parte de la ansiedad de la socialidad y (presunta) amistad de tener se vuelven cosas no tan vitales como hacía un tiempo.

via Psychology Today

Pixnio

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Si en la escuela no éramos parte de aquellos "populares", segurno no teníamos muchos "amigos". Ya, lo hemos escrito entre comillas, porque la amistad verdadera es un bien extraño de encontrar y no se mide seguramente en las relaciones, a menudo basadas sobre apariencias y convenciones, que se tienen en la escuela. Madurando y con el pasar del tiempo, incluso, nos damos cuenta que para sentirse aceptados y satisfechos, no sirven decenas de personas alrededor de uno, sino que bastan un par que sepan realmente ser nuestros amigos.

Grupos cerrados, exclusiones, bromas, suposiciones: quien ha vivido en primera persona todo esto, sabe bien de que cosa estamos hablando. Durante los años de la adolescencia, los jóvenes saben ser verdaderamente ofensivos y ponen en acción comportamientos dañinos por los demás.

Es por esto que, no obstante todo parezca opaco y negativo, necesitan siempre proyectarse con la mente al futuro. Por ejemplo, mirando con confianza los años de la verdadera madurez, o sea aquellos siguientes en la escuela. Es propio allí que, para muchas personas, se comienza a vivir, comprendiendo quien somos de verdad y que cosa queremos, de nosotros mismos y de los demás.

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ECohen/Flickr

ECohen/Flickr

Fuera de la dinámica de la "manada" se vuelve iguales y se comienza a hacer una cosa que nos arrepentios de no haber podido hacer antes: elegir nuestras compañías, seleccionarlas en algún modo. Es a aquel punto que, fuertes de nuestra confianza encontrada, comenzamos a mostrarnos más seguros, más abiertos, quizás más simpáticos frente a los demás. Porque en el fondo es exactamente cierto que más estamos en paz con nosotros mismos y mejor estaremos con los demás, volviéndonos seguramente mejores personas.

Y es aquí que, en el giro de poco, llegaremos a conocer personas especiales, exactamente como nosotros, que saben sintonizarse sobre nuestras visiones, saben tomarnos por aquello que somos; en una palabra; saben respetarnos. Aunque si no se trata de un numeroso grupo de personas, nos damos cuenta que bastan un par, pero buenas, para ser felices.

Exactamente así: si les parece extraño, esperen a pensarlo. En el fondo no todos nos merecen, y es por esto que es mejor rodearse lo más posible de personas sinceras y que sepan aceptarnos, mejorándonos día tras día. Son estas las personas amigas que quedan mucho tiempo, mucho...tanto de no dejarlas ir y con la cual vivir al máximo nuestra vida. No importa si son dos y no diez: son aquellas de la cual tenemos verdaderamente necesidad.

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