Esto es aquello que le sucede al cerebro de tu hijo cuando le gritas

por Patricia Zorzenon

28 Abril 2019

Esto es aquello que le sucede al cerebro de tu hijo cuando le gritas
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Hacer de padres es el oficio más bello y complicado que sea, sobre esto no hay dudas. Educar y amar a los propios hijos implica también saberlos educar, lamentablemente no siempre se logra a obtener atención y obediencia con "las buenas maneras". Se cede así a las tentaciones de levantar la voz, con la intención de llamar la atención y de obtener respeto. No obstante este sea un camino recorrido desde siempre puede no ser aquel más indicado para el bienestar de los pequeños.

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 Una vida frenética, tanto estrés y cansancio pueden poner a dura prueba la paciencia de cualquiera, por la cual resulta difícil mantener siempre el autocontrol. Segun un estudio paralelo de la Universidad de Pittisburgh y de Michigan (fuente de estudio) gritar contra un niño puede sin embargo tener serias consecuencias sobre su cerebro, estas son:

  • Trastornos del comportamiento. Los niños que han sido sometidos a violencia verbal desarrollan problemas en la gestión de las emociones y del comportamiento respecto a quien no ha recibido similares experiencias (agresividad, escaso rendimiento escolar, depresión, aislamiento).
  • Problemas de autoestima.  Cuando se grita siempre a un niño para hacerse obedecer, él pensará de no ser amado o apreciado.
  • Bloqueo emocional y estados de ansiedad. Sintiendo un adulto gritar, un niño reacciona como si se encontrara en una situación de peligro activando las hormonas del estrés y desencadenando el típico mecanismo ataque/fuga.
  • Desequilibrio entre los hemisferios del cerebro. Las dos secciones principales comunican a través del cuerpo calloso. En un estado de tensión se reduce el flujo sanguíneo en este tramo de fibras nerviosas.

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 Los padres de hoy pueden aprovechar muchos mas recursos y conocimientos pedagógicos respecto a las anteriores generaciones, incluso se recae a menudo en los mismos errores y casi siempre por la misma razón. La primera es la incapacidad de canalizar en el modo justo o en otra parte la rabia y la frustración que se acumula cotidianamente. Los hijos terminan por ser la inconciente válvula de desahogo. La segunda razón es simplemente la emulación de los comportamientos recibidos a su vez por los padres, para los cuales una alternativa a un sistema que siempre se ha utilizado ni siquiera se tiene en cuenta. Educar sin gritar es posible, inicialmente necesitas un poco más de esfuerzo, pero luego serás recompensado y recíprocamente.

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