El objetivo de una mujer debería ser el de vivir una vida feliz, no de ser la niñera de un hombre

por Patricia Zorzenon

03 Enero 2021

El objetivo de una mujer debería ser el de vivir una vida feliz, no de ser la niñera de un hombre
Advertisement

¿Cuántas veces nos convencemos que para vivir una vida feliz y serena debemos encontrar un hombre atento, cariñoso, casarnos, formar una familia perfecta, ser una madre de sanos principios y una mujer modelo? Tantas veces nos hemos imaginado un futuro de cuentos como ese, pero la realidad no es un cuento con final feliz donde todo va siempre bien, no. Vivir una vida de pareja, amar la contrapartida, ser responsables de una familia es toda otra cosa y a menudo para preservar este frágil equilibrio, dejamos escapar la cosa que probablemente es la más importante: nosotros mismos.

via Psychology Today

PxHere

PxHere

Exactamente, porque una de las reglas no dichas fundamentales por una vida mucho más feliz es la de saber vivir bien antes con nosotros mismos y luego con los demás. Si, porque nos olvidamos lamentablemente a menudo, en el ruido de fondo, que es la vida contemporánea, de saber alegrarnos nosotros mismos y en cambio no hacemos otra cosa que querer alegrar según las necesidades de los demás.

Por ejemplo, para mantener la vida sentimental con la persona que pensamos amar, tendemos a hacer demasiadas concesiones; a veces la pareja masculina podría no ser el príncipe azul de los cuentos que siempre hemos soñado: egoísta, un patán quizás demasiado absorbido por sus ocupaciones y necesidades que hace que ustedes se conviertan en enfermeras, sus niñeras emocionales.

Advertisement
Andrew Storms/Wikimedia

Andrew Storms/Wikimedia

Es por eso que una mujer tendría todo el derecho a descubrir la alegría de vivir a pleno, incluso en las pequeñas cosas de todos los días, la verdadera felicidad; y esta emoción que nos parece siempre inalcanzable pero en cambio está justo bajo nuestra nariz y no nos damos cuenta, se lo puede encontrar diciendo más no que sí, encontrando espacio para nosotros mismos en lugar de para los demás.

No hemos nacido para hacer de niñeras de nadie, ni a toda costa comprometernos con nuestra pareja para seguir adelante una relación sentimental que nos importa; desligarnos de estos preconceptos nos abre las puertas hacia un nuevo horizonte, un destino que no estábamos acostumbrados a ver excepto con nuestros prismáticos, desde lejos: la felicidad comienza justo allí donde termina nuestra resistencia.

Advertisement