No decirme que soy lunática, estoy solo muy, muy cansada

por Patricia Zorzenon

09 Junio 2019

No decirme que soy lunática, estoy solo muy, muy cansada
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Pasan los años, cambian las generaciones pero no los tiempos, las costumbres y los lugares comunes, especialmente respecto al universo femenino. No obstante las conquistas en la paridad de género esto es todavía un mundo de hombres, al que se les ha concedido de ser imperfectos sin jamás ser etiquetados. En vez a las mujeres se las ha considerado a menudo y gustosamente irracionales, lunáticas, enojadas, pero la verdad es que a menudo están simplemente muy cansadas.

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En una pareja en hacer la mayor parte de las renuncias, ya sea en la vida personal que profesional, es casi siempre la mujer. Como si no bastara también en la gestión de la cotidianeidad y del tiempo libre, son los pasatiempos del hombre a ser practicamente intocables, mientras las mujeres a menudo postergan gimnasio, peluquería o salida con amigas.

Solo por el hecho que una mujer se ocupe ya sea de la casa, que de los hijos sin lamentarse, no quiere decir que sus energías sean limitadas, sino que esto muchas veces no viene tomado ni siquiera en consideración. Del resto es emblemático el hecho que cuando el hombre tiene un resfriado está practicamente fuera de uso, mientras en la misma situación una mujer continúa a cocinar, limpiar, acompañar a la escuela a los niños y trabajar.

El dato interesante que viene detectado en los estudios más autorizados del sector es que los maridos se vuelven generalmente más disponibles cuando se trata de hacer las compras o llevar a los hijos a varias citas, pero desarrollan una verdadera y propia alergia al ámbito de las "tareas domésticas".

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Kat Jayne/Pexels

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Las razones de esta refractariedad a tareas como lavar el baño, planchar o hacer las compras, viene de legados culturales que no han sido todavía superados. Merecido, o mejor dicho culpa, de las madres que siempre han tenido a los propios hijos varones lo más lejos posible de actividades "humildes y humillantes", no aptas para un hombre. Aquello ha generado ejércitos de maridos que no están en grado ni siquiera de cocinarse alguna cosa, delegando toda la carga del trabajo a la pareja.

Sin embargo la división equitativa de los deberes es fundamental para el bienestar de toda la familia, en cuanto las mujeres no tienen recursos infinitos y tienen la necesidad como los hombres de dedicarse cada tanto a si mismas. Entonces no llamarlas locas o neuróticas, muchas de las veces simplemente están muy, muy cansadas.

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