Antes de buscar de alegrar siempre a todos, pone en mente estas 5 cosas

por Patricia Zorzenon

18 Febrero 2019

Antes de buscar de alegrar siempre a todos, pone en mente estas 5 cosas
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Ser generoso no es en absoluto un defecto, por el contrario, pero tratar de ser complacientes a toda costa puede convertirse en un problema. Las razones para un comportamiento excesivamente condescendiente a veces se remontan a la infancia, cuando el individuo, por temor a desilusionar a padres, amigos y maestros, crea una personalidad débil. El límite entre la generosidad y la condescendencia patológica se supera si uno se esfuerza por hacer felices a los demás y volverse miserable uno mismo. Para dejar de lastimarse o antes de llegar a hacerlo, aquí hay una lista de cosas para recordar.
 

via psicoadvisor.com

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Uno no es egoísta si dice algo de "no". A menudo, los "sí hombre" son personas que son personas víctimas de una profunda sensacion de culpa, y creen que rechazar un favor o expresar una opinión contraria significa ser egoísta. Las relaciones sanas se basan en el respeto por las opiniones, incluso aquellas que se oponen.

Pensar más en uno mismo no significa descuidar a los demás. Tan pronto como comencemos a decir algunos "sí" de menos, algunos "supuestos" amigos podrían comenzar a alejarse. No está mal, quienes realmente quieren estar cerca de nosotros incluso cuando recuperamos algo de tiempo para nosotros mismos.

No se puede complacer a todos. Si hay alguien con quien no simpatizamos, podemos intentar averiguar por qué y tratar de discutirlo, pero si este intento no es suficiente, debemos poner nuestra mente en paz y continuar nuestro propio camino.

El tiempo y la energía son limitados. El altruismo es una gran cosa, pero cuando gastamos todos nuestros recursos para el bienestar de los demás, corremos el riesgo de ser completamente vaciados. Es necesario aprender a tener presente el proximo sin olvidarse de uno mismo.
 

 

 

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Hacer de uno mismo una prioridad

Hacer de uno mismo una prioridad

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Cuando nos reposicionamos a nosotros mismos en la cima de la lista de nuestras prioridades poco a poco el ansia y el malestar comienzan a desaparecer. La condescendencia que antes nos servia a etar bien en realidad era solo escasa autoestima. El redescubrimiento de su propio valor desencadena un círculo virtuoso por el cual comenzamos a dar importancia a las personas que realmente valen la pena, quienes a su vez nos lo darán.

Estar de acuerdo siempre por el gusto a los demas solo porque se dese su alianza no es jamas una buena inversion. No hay mejor aliado de uno mismo y reconocerlo quiere decir contar sobre una persona mejor.

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