"Dejaré que mis brazos se cansen ahora porque pronto estarán vacíos": una reflexión para todas las madres

por Patricia Zorzenon

27 Junio 2021

"Dejaré que mis brazos se cansen ahora porque pronto estarán vacíos": una reflexión para todas las madres
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Ser madre puede ser sin duda un trabajo gratificante, pero al mismo tiempo muy, muy exigente. Para una mujer que decide fervientemente dar a luz a un niño, cada esfuerzo, cada preocupación, cada dolor y cada caída son consideradas medallas de valor a lo largo del recorrido que lleva al nacimiento de un hijo. Es cierto, los primeros años serán más difíciles, la madre deberá pasar mucho tiempo junto al niño para criarlo, educarlo, para que no le falte nada...

via Psychology Today

Bridget Coila/Flickr

Bridget Coila/Flickr

Un trabajo a tiempo completo que requiere nervios de acero, mucha paciencia y mucho espíritu de sacrificio. Muchas nuevas madres, con el tiempo, sentirán que el cansancio físico y psicológico aumentan cada vez más, los brazos estarán doloridos por las veces y el tiempo que tienen que sostener a el fruto natural, la luz de sus ojos, su hijo, el resultado de tu amor y deseo. Al fin y al cabo, como le hemos dicho, ser madres sobre todo las primeras veces no es para nada fácil, las necesidades de tu hijo serán muchas, será difícil mantener el equilibrio entre tu vida privada y la pública, seguir adelante con el trabajo que hacían sin tener que perder nunca de vista a tu hijo.

A veces tus brazos estarán muy doloridos por haber sostenido a tu hijo por mucho tiempo, pero verás que todo ese cansancio, ese sufrimiento, paradójicamente, un día te faltará.

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Pxhere

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Sí, porque llegará el día en el que tu hijo crecerá, el tiempo pasará tan rápido que te parecerá que los años te fueron robados sin que te dieras cuenta, el fruto de tu amor pasará la adolescencia, la edad adulta, y no necesitará más de tus abrazos, o que ustedes madres lo tengan entre sus brazos para acunarlo, calmarlo, darle de comer, hacerlo dormir, o simplemente sentirlo muy cerca de ustedes.

El tiempo es tirano, lo concede descuentos a nadie, todos crecen, pasando demasiado veloz de la niñez a la adultez, y en darse cuenta de que los años pasan inexorablemente son primero los padres, que antes tenían dificultades para cumplir todas las necesidades del niño recién nacido, pero que luego recordarán con mucha nostalgia y con alguna lágrima tibia bajando por sus mejillas cuando sus brazos estaban tan doloridos y cansados, pero que ahora están irremediablemente vacíos.

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