5 errores comunes con la cual los padres de hoy hacen a sus hijos caprichosos y mal educados

por Patricia Zorzenon

29 Marzo 2019

5 errores comunes con la cual los padres de hoy hacen a sus hijos caprichosos y mal educados
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Uno de los lugares más comunes modernos es que los niños de hoy son mas viciados que las generaciones anteriores. Aquello no depende de una "predisposición genética"; cuando más bien a una combinación de causas. Las costumbres sociales, los noticieros, las compañías y la carencia del sistema didáctico tienen de seguro una influencia determinada, pero el anhelo débil a menudo son propio los padres. Algunos especialistas en pedagogía indican como deletéreo los siguientes comportamientos: 

via psychologytoday.com

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  • Disminuyendo la autoridad de los demás. Figuras como educadores y maestros que una vez tuvieron carta blanca y podían darse el lujo de inculcar disciplina en los niños. Hoy en día, los padres no permiten que nadie regañe, reprenda o corrija a sus hijos, y esto les hace sentirse capaces de comportarse mal.
  • Descuidándote Los hijos son lo primero de todo, pero no todas las veces. Los padres que se dedican en cuerpo y alma a satisfacer solo sus necesidades, olvidándose de sí mismos, terminan dañando su salud mental y física.
  • Utiliza atajos. Para evitar que los niños tengan una rabieta, los padres a menudo usan "trucos" como colocarlos frente al televisor, el teléfono inteligente o darles un premio, incluso sin merecerlo. Los pequeños deben aprender a ser pacientes, a distraerse solos con imaginación o, en el peor de las hipótesis, a redescubrir el viejo y saludable "aburrimiento".
  • Ser demasiado condescendientes. El cumplimiento de los deseos de los hijos está bien, pero uno no debe convertirse en esclavo de su voluntad por temor a que puedan llorar o enojarse.
  • Justificar cada comportamiento. El hecho de ser pequeños no puede ser una coartada por cada vicio o capricho. En este modo los niños vienen estimulados a repetir estos comportamientos sin tomarse la responsabilidad de las propias acciones.
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En resumen, el amor nunca debe faltar, pero lo mismo se aplica al respeto de las reglas y los roles. Correr desesperadamente tan pronto como el niño pregunta o se hiere no es un signo de afecto, sino un exceso de celo, el temor de perder el consentimiento o de no estar a la altura de los padres. La obsesión por complacer a sus hijos a toda costa es una mala inversión porque los sentimientos se recambian incondicionalmente.

No pasa nada si a veces decimos "no" o si el deseo expresado no se realiza de inmediato. Solo de esta manera será posible criar niños que saben cómo comportarse en cada contexto, miembros autónomos, independientes y productivos de la sociedad.

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