Los verdaderos amigos logran quedar unidos no obstante la distancia que los separa

por Patricia Zorzenon

21 Agosto 2019

Los verdaderos amigos logran quedar unidos no obstante la distancia que los separa
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La amistad, como también el amor, es un sentimiento noble, precioso, simple y al mismo tiempo complejo. Desde siempre, hay quién intenta de describir, definir, explicar todas los diferentes matices, las razones y los mecanismos con la cual dos personas se unen creando una relación hecha de camaradería, lealtad, mutua ayuda y apoyo recíproco. Hay quién sostiene que la amistad debiera ser alimentada constantemente y quién, en vez, afirma que cuando es cierta, puede resistir sea el tiempo que la distancia.

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Los amigos, cuando se reconocen como tales, no tienen necesidad de presencia o contacto cotidiano, no necesitan de continuas confirmaciones o gestos de certezas, sino saben de ser el uno para el otro, sin tener que decirlo o demostrar. Puede ocurrir de no verse y sentirse por mucho tiempo, pero sin que este silencio cambie aquello que ha grabado en el corazón y en la mente.

Las amistades más sólidas son aquellas en donde se sienten privados de vínculos y deberes, pero igualmente prontos en cualquier momento en hacer cualquier cosa a un simple guiño. La amistad sincera es desinteresada es lejos años luz de todas aquellas pseudo dependencias afectivas, porque se trata de una elección que viene renovada cada vez, con conciencia y convicción.

No existe una fórmula o un esquema fijo para hacer nacer una amistad, porque puede ocurrir cuando menos te lo esperas: compartiendo la infancia, la escuela, viviendo particulares experiencias, circunstancias casuales, o en ciertos casos, superando una rivalidad. Demasiado a menudo se abusa del término "amigo" para llamar a las personas que se pierden a lo largo del camino o que lamentablemente traicionan las espectativas.

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La amistad es un pacto incondicional que, sin embargo, a menudo es expresión del arte del compromiso: aceptar todos los méritos y defectos, protegiendo uno de los tesoros inestimables de la propia vida. Tiempo y espacio pueden alentar solo las uniones débiles, aquellas hechas de costumbres y conveniencia, no las amistades reales. Los amigos verdaderos son puntos firmes en el alma, como rostros de hermanos y padres por la cual, a pesar de cuanto se resta separados todo queda inmutable. Basta una mirada, un abrazo, un apretón de manos y en un momento se cancelan años o kilómetros, para volver siempre e igualmente allí dónde y cuándo se habían dejado.

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